Navidad en mis ojos

Decorar la casa juntos, elegir cada cosa, soñar cada rincón… para terminar aquí, entre estas cuatro paredes que no hacen más que recordarme a ti. Esta Navidad la estoy pasando fatal. No hubo chocolate caliente juntos, no hubo abrazo, esa promesa de que el próximo año compraría el arbolito para decorarlo juntos. Todo eso se perdió.
Estoy llorando solo en la sala de mi casa, mientras la gente baila a mi alrededor, pensando en lo mucho que quisiera que estuvieras aquí.
Para mí, la Navidad eres tú.
El verde de tus ojos,
el rojo de tus pómulos,
el blanco de tus dientes,
el rubio de tu pelo,
y la suavidad de tus besos.
Para mí, Navidad siempre fuiste tú.
Y no tener eso —y peor aún, pensar que nunca lo tendré— me está destruyendo.
Quiero llamarte.
Quiero salir a buscarte.
Quiero tenerte.
Hay momentos en los que el dolor se vuelve tan grande que no sé qué hacer con él.
“Navidad sin ti” dejó de sonar a cliché para convertirse en una realidad que empieza a doler de verdad. Sabes que sin ti nada tiene sentido. Sin ti, el marshmallow en el chocolate caliente se vuelve insípido; los villancicos suenan monótonos; las luces de Navidad son solo luces rotas que no dejan de parpadear.
Sin ti, la Navidad es solo una fecha más. Porque sin ti no tendré los niños que quise, ni el arbolito que imaginamos, ni la manta que nos envolvería, ni siquiera esas estúpidas películas navideñas que ahora son un fiasco.
Y es que nunca se trató de la Navidad.
Siempre se trató de ti.
Navidad fueron tus ojos mirándome.
Navidad fueron tus labios cantándome villancicos.
Navidad fue tu abrazo calentando el frío.
Navidad siempre fuiste tú.
Navidad en tus ojos.
Porque sin tus ojos, la Navidad es solo vanidad.
— Isaac Martinez

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